Se define punto de inflexión al punto en el cual una función continua cambia de concavidad. Ponerse a analizar más allá de la matemática que el postulado implica, puede concluir en una analogía con la vida demás sorprendente.
El tiempo medido en días, meses, años divididos en horas, minutos, segundos... cada unidad consecutiva a la otra formando un continuo de espacio de existencia. Una función de momentos cuya combinación correlativa determina la vida de una persona. De cada uno de estos momentos nace una anécdota, un recuerdo que consiente o no, deja una enseñanza y se suma a la experiencia.
Si por cada enseñanza se pudiera extraer la idea y se mantuviera el concepto sin dejar que resulten en algo efímero, se convertirían así en potenciales momentos que podrían marcar un antes y un después en el transcurso del tiempo.
La manera más fácil de ver la concavidad siempre fue la curva sonriente o la curva triste; entonces retomando la definición de este punto particular, se lo puede entender como el cambio de felicidad a tristeza o al revés. Y si a alguno de aquellos momentos del que se pudo extraer un concepto, del que se supo entender la idea que dejó una enseñanza y marcó ese antes y ese después, se tiene un punto de inflexión en la vida humana.
Ahora que se sabe el significado de un punto de inflexión en la vida, se podrá reconocer al presenciarlo? Y de reconocerlo, se actuará en función de lo que significa?
La respuesta parece simple, hasta quizás obvia. Pero es de valiente reconocer que cuando uno está parado en aquel punto donde la curva de la vida se refleja invertida, siempre resulta más fácil cerrar los ojos y dejarse atrapar por el asombro. Será miedo, será emoción... ansiedad, locura, inmovilidad, alegría... o un coctel de todas esas emociones juntas. Sin embargo, sea cual sea la que gobierne el momento, quedarse quieto y mirar de reojo no ayuda.
En la vida el punto de inflexión representa un cambio, y cualquiera sea la concavidad que a enfrentar hay que respirar profundo y saltar. Si el salto implica atravezar momentos complicados que tienden a desmoralizar, perfecto... no es mas que un desafío del cual se aprenderá y se fortalecerán aquellos rinconcitos que suelen flaquear. Después de todo, citando el saber popular "siempre que llovió, paró". Y si el salto es hacia un momento feliz, es sencillo... solo resta disfrutar.
Así que la próxima vez que delante de uno se vea un punto de inflexión, por lo menos yo... voy a sonreír, prepararé el medio mundo de enseñanzas y me dejaré llevar por la curva del cambio.